AQVA: El año en que Toro fue el epicentro de Las Edades del Hombre
El año 2016 marcó un hito cultural y espiritual para la ciudad de Toro con la celebración de «Aqva», la XXI edición de la prestigiosa exposición de Las Edades del Hombre. Con el agua como hilo conductor —entendida como fuente de vida y símbolo teológico—, la muestra convirtió a la ciudad zamorana en un referente del arte sacro a nivel internacional.
La exposición albergó un total de 137 piezas procedentes de todas las diócesis de Castilla y León y de Portugal, de las cuales 43 fueron aportadas por la provincia de Zamora. La muestra se dividió estratégicamente entre dos de los templos más emblemáticos de la ciudad: la Colegiata de Santa María la Mayor y la Iglesia del Santo Sepulcro.
Seis capítulos dedicados al ciclo del agua
«Aqva» se articuló en seis capítulos que exploraron la relación del agua con la teología, la antropología y el propio eje geográfico que marca el río Duero.
I. Agua de Vida (La perspectiva natural)
El primer capítulo, ubicado en la Colegiata, abordó el agua desde una óptica natural y antropológica. Antes de entrar en la teología, la muestra exploró la mitología, la filosofía y la explotación de los recursos hidráulicos.
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Destacados: Incluyó obras de maestros consagrados como Antonio López, fotografías de Ángel Quintas y cerámicas tradicionales de los alfares de Moveros y Toro. También se exhibieron visiones del río de artistas zamoranos como Antonio Pedrero y Seco San Esteban.
II. Preparando caminos (El Antiguo Testamento)
Este bloque se centró en los episodios bíblicos donde el agua es protagonista: la Creación, el Diluvio Universal y figuras como Moisés.
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Piezas clave: Sobresalió la Santísima Trinidad de Benavente y el Moisés salvado de las aguas de la ermita de los Remedios, convergiendo en el imponente Crucificado de la Santísima Trinidad de Toro.
III. Los cielos se abrieron (San Juan Bautista)
Dedicado íntegramente a la figura de Juan el Bautista y el Bautismo de Cristo. La calidad artística de este capítulo fue excepcional, contando con firmas como Zurbarán, Gregorio Fernández, Gil de Ronza y Esteban de Rueda. También se pudo admirar una tabla de Fernando Gallego procedente de la Catedral de Zamora.
IV. Cristo, fuente de agua viva
El cuarto capítulo cerró el recorrido en la Colegiata centrándose en la figura de Jesucristo. Se analizaron pasajes evangélicos donde el agua es símbolo de redención: las Bodas de Caná, el encuentro con la Samaritana, el Lavatorio de los pies y la Lanzada en la Cruz, de donde brotaron agua y sangre.
El Santo Sepulcro: Sacramento y Santidad
La segunda sede de la exposición acogió los dos últimos bloques de la muestra, centrados en la liturgia y la vida de los santos.
V. El Bautismo que nos salva
Este capítulo compiló una impresionante colección de piezas relacionadas con el sacramento del Bautismo: pilas, conchas bautismales, aguamaniles y acetres. La presencia zamorana fue notable con obras de Hipólito Pérez Calvo y maquetas de Ramón Núñez.
VI. Renacidos por el agua y el espíritu
El cierre de la muestra se dedicó a los santos vinculados al medio acuático. Figuras como Santiago el Mayor, San Cristóbal o San Atilano (primer obispo de Zamora, representado con el pez y el anillo) protagonizaron este espacio.
Un legado de fe y patrimonio
«Aqva» no fue solo una exposición de pintura y escultura; fue una celebración interdisciplinar que incluyó platería de las parroquias zamoranas, textiles, mosaicos y fondos bibliográficos. La experiencia se completó con una banda sonora original compuesta por David Rivas, que integraba el sonido real del agua.
El colofón de la muestra lo puso el Cristo Resucitado de Toro, obra de Antonio Tomé, que simbolizaba la culminación del mensaje teológico de la exposición: la promesa de la vida eterna a través del «agua viva».
