
Fernando el Católico, Doña Elvira, el Conde-Duque de Olivares, María de Molina, el Tío Babú y la Labradora forman la nueva Comparsa de Gigantes ‘Ciudad de Toro’, presentada ante una Plaza Mayor abarrotada y con una suite compuesta expresamente por David Rivas

Toro ya tiene gigantes. Y no unos gigantes cualquiera.
A las 20:30 horas, una Plaza Mayor abarrotada asistía este martes 18 de agosto a la presentación oficial de la nueva Comparsa de Gigantes ‘Ciudad de Toro’, una iniciativa concebida para convertir parte de la historia, la tradición y la memoria colectiva toresana en personajes capaces de caminar por sus calles.
Seis nuevas figuras, de aproximadamente 3,20 metros de altura y cerca de 50 kilos de peso, que desde ahora pasan a formar parte del patrimonio festivo y etnográfico de una ciudad que no necesita inventarse historias porque tiene siglos de ellas para elegir.
Y precisamente de ahí parte el proyecto. Reyes. Señoras de Toro. Personajes históricos. Tradición popular. Campo. Vino.
Y esa cultura transmitida de generación en generación que ahora tendrá también cuerpo, vestido y movimiento.
Seis gigantes y seis formas de explicar Toro
La Corporación municipal fue presentando una a una las figuras ante un público que respondió con curiosidad, aplausos y, sobre todo, muchas fotografías.
El encargado de explicar el proceso creativo fue Francisco Iglesias Escudero, presidente de la Agrupación Etnográfica La Morana, responsable de dar forma a unas estructuras cuya elaboración no resulta precisamente sencilla.
Porque hacer un gigante no consiste únicamente en conseguir que mida más de tres metros.
Tiene que tener expresión.
Personalidad.
Vestuario.
Equilibrio.
Y, sobre todo, una estructura que permita que una persona pueda cargar con cerca de medio centenar de kilos y conseguir después que la figura parezca moverse con naturalidad.
Iglesias agradeció a la Corporación municipal la confianza depositada en la agrupación para un encargo que supone un reto técnico, artístico y también histórico.
El resultado quedó a la vista.
Figuras cuidadas hasta el detalle, rostros con personalidad y vestimentas que ayudan a identificar a cada personaje incluso antes de conocer su nombre.
Fernando el Católico y una batalla que cambió la historia
El primero de los personajes presentados fue Fernando el Católico.
Y probablemente pocas explicaciones hacen falta para entender su vinculación con Toro. La Batalla de Toro del 1 de marzo de 1476 es uno de los grandes acontecimientos asociados a la historia de la ciudad y un episodio fundamental dentro del conflicto sucesorio castellano que terminó consolidando el poder de Isabel y Fernando.
Solo por aquella referencia histórica, el personaje ya tenía suficiente empaque para convertirse en uno de los gigantes de la nueva comparsa.
Corona, presencia y porte real para iniciar un desfile de personajes que permite recorrer varios siglos de historia sin abandonar la Plaza Mayor.
Doña Elvira, la señora de Toro
Después llegó Doña Elvira.
La figura fue presentada por la exalcaldesa Ángeles Medina, quien puso en valor la dignidad y relevancia histórica de una mujer profundamente relacionada con la ciudad.
La infanta Elvira, hija de Fernando I, recibió Toro dentro de la herencia paterna y ejerció como señora de Toro, convirtiéndose en una de las figuras femeninas más relevantes vinculadas a la historia medieval de la ciudad.
Y su presencia en esta comparsa introduce además algo importante.
La historia de Toro no fue únicamente escrita por reyes, batallas y grandes hombres.
También hubo mujeres con poder, patrimonio y capacidad política.
Ahora una de ellas volverá a pasear por sus calles.
El Conde-Duque de Olivares, sus últimos días en Toro
La tercera figura presentada fue Gaspar de Guzmán y Pimentel, Conde-Duque de Olivares.
Uno de los personajes políticos más importantes del reinado de Felipe IV y también un hombre cuya biografía quedó ligada definitivamente a Toro.
Tras caer en desgracia, Olivares terminó desterrado en la ciudad en 1643.
Allí pasó los últimos años de su vida y allí falleció en 1645.
De esta forma, otro episodio de la gran política española encuentra representación dentro de una comparsa que pretende precisamente eso: hacer visible la enorme cantidad de historia que existe detrás de las calles toresanas.
María de Molina, reina y señora de Toro
También tendrá su gigante María de Molina.
Reina consorte de Castilla y una de las mujeres de mayor influencia política de la Edad Media castellana, estuvo estrechamente relacionada con Toro, ciudad que recibió como señorío de su esposo, Sancho IV.
Toro fue además escenario de algunos de los acontecimientos familiares de su vida y residencia ligada a la monarquía.
La incorporación de María de Molina vuelve así a reforzar el peso de las grandes figuras femeninas dentro de esta nueva iconografía festiva de la ciudad.
Y entonces apareció el Tío Babú
Pero una ciudad no está construida solamente por sus reyes.
También por sus canciones.
Sus personajes.
Sus expresiones.
Sus historias populares.
Y por eso apareció el Tío Babú.
Aquí desaparecen coronas y títulos nobiliarios.
El Tío Babú pertenece a otro territorio igualmente importante: el imaginario popular toresano.
Un personaje vinculado a una conocida canción tradicional de Toro que ha terminado convirtiéndose en una referencia cultural reconocible para generaciones de vecinos.
Quizá no necesite un palacio ni una batalla. Le basta con haber pasado de padres a hijos.
Y eso, cuando hablamos de patrimonio inmaterial, también es historia.
La Labradora: porque Toro también se hizo desde el campo
La última incorporación completa quizá el sentido más profundo de la comparsa. La Labradora de Toro.
Sin corona. Sin título. Sin grandes crónicas históricas. Pero con algo mucho más cercano. Representa a tantas mujeres que hicieron posible la vida cotidiana de una tierra agrícola, ganadera y vitivinícola. La mujer del campo. La que trabajó. La que sostuvo familias. La que conocía la viña. La casa. La cosecha.
Y esa tradición de matriarcas que forma parte también de la historia menos escrita de Toro.
Porque tan importante como recordar quién gobernó una ciudad es recordar quién la levantaba cada mañana.
David Rivas puso música propia a cada gigante
Y si las figuras tenían identidad propia, también necesitaban su propia banda sonora.
El compositor y director toresano David Rivas creó expresamente para la ocasión una suite musical, con piezas vinculadas a cada uno de los personajes de la nueva comparsa.
Fue uno de los elementos que dieron todavía mayor empaque a la presentación.
Los gigantes no aparecieron únicamente.
Fueron presentados como personajes.
Con música.
Con relato.
Con historia.
Y con una escenografía que consiguió transformar una presentación municipal en un verdadero espectáculo popular.
De la Plaza Mayor al Hospital de la Cruz
La intención, además, no es que los gigantes aparezcan únicamente durante las fiestas y después desaparezcan durante once meses en un almacén.
La nueva comparsa tendrá su sede en la capilla del Hospital de la Cruz.
Allí podrán ser contemplados por vecinos y visitantes e incorporarse a los recorridos turísticos que realizan las guías de la ciudad.
Una decisión acertada porque convierte una inversión festiva en un nuevo elemento turístico permanente.
El visitante podrá conocer quién es cada personaje, qué relación tiene con Toro y por qué terminó convertido en gigante.
Historia contada de otra manera.
Especialmente útil para los más pequeños.
Y mucho más difícil de olvidar.
Abrirán los desfiles de carrozas
La nueva Comparsa de Gigantes ‘Ciudad de Toro’ tendrá además presencia activa en las celebraciones.
Los gigantes están llamados a abrir los tradicionales desfiles de carrozas y a formar parte de los grandes acontecimientos festivos de la ciudad.
Y el proyecto no parece acabar aquí.
Toro ya piensa también en incorporar cabezudos, completando poco a poco una tradición que en muchas ciudades constituye una de las imágenes más reconocibles de sus fiestas.
Toro encuentra una nueva seña de identidad
La respuesta de este martes dejó claro que la propuesta ha gustado.
La Plaza Mayor quedó llena.
Los móviles no dejaron de fotografiar.
Y los seis gigantes comenzaron a formar parte de Toro prácticamente desde el mismo momento en el que aparecieron ante el público.
Eso es quizá lo más difícil de conseguir con una iniciativa de este tipo.
Que algo nuevo parezca haber estado siempre ahí.
Fernando el Católico.
Doña Elvira.
El Conde-Duque de Olivares.
María de Molina.
El Tío Babú.
Y la Labradora.
Seis personajes muy diferentes unidos por una misma ciudad. Toro tiene desde hoy seis nuevos habitantes. Miden más de tres metros.
Pesan alrededor de 50 kilos.
Duermen en el Hospital de la Cruz.
Y cuando despierten, lo harán para contar caminando por las calles una parte de la historia, el folclore y el alma de la ciudad.
Toro ya tiene gigantes. Ahora toca hacerlos tradición.
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